MENSAJES DEL PÁRROCO

DICIEMBRE

ADVIENTO

 

Queridísimos hermanos y hermanas, que la paz y el amor de Cristo que viene esté con todos ustedes.

 

Es para mi motivo de gran alegría dirigirme a ustedes en nombre de Jesucristo, Señor y Salvador nuestro. Estamos en Adviento, en diciembre, mes de la Navidad o Navidad del Señor.

 

El Tercer Plan Nacional de Pastoral, nos pone a reflexionar el valor del ENCUENTRO, con el lema: "Y postrándose, le adoraron" (Mt 2, 11).

 

Adviento es esperar; es tiempo de dar; tiempo de reconciliar; tiempo de amar; tiempo de preparar la Navidad que es el hecho más trascendental en la historia de la humanidad, "Dios vino a nuestro mundo, puso sus pies en la tierra"; vino a nuestra familia, a nuestra vida; a nuestra historia, hace aproximadamente dos mil años. 

 

La Iglesia, desde entonces, actualiza este echo provocando que, en cada uno de sus miembros, la Navidad sea algo nuevo y actual, ya que la Navidad no es sólo un hecho para recordar, sino algo que se vive, es más, se hace vida en cada uno de nosotros.

 

Les invito a pensar en María, la protagonista de este tiempo, la que nos hizo el favor, entregando a Dios su vida para traer a nuestro mundo a quien, por amor a nosotros, entregaría su propia vida, Jesús.

 

Toda madre que ama a la criatura que hay en su vientre quisiera que naciera en "cuna de oro"; María también hubiese querido que su hijo naciera en "cuna de oro", sin embargo, ella dio a luz en un Establo, posiblemente, húmedo y nauseabundo; su esposo José pudo haber querido acomodarla un poco, limpiar aquel lugar; quizás quería despertar de una pesadilla, pero no, era real;a demas, como era carpintero, pudo tener hecha una cuna para cuando naciera su hijo, sin embargo, un pesebre babiado por los becerros que comían en él, fue su cuna.

 

 

La Iglesia nos brinda este tiempo penitencial de 4 semanas, tiempo más que suficiente para prepararnos, no para celebrar el cumpleaños de Jesús, sino su renacimiento en nuestra propia vida.

AGOSTO

LA COMUNIDAD

“Todo en la Comunidad, nada sin la Comunidad”

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, Señor y Salvador nuestro, un saludo de hermano, de amigo y de pastor.

 

AGOSTO 2020, si bien es cierto que julio fue un mes cargado de emociones, agosto no lo es menos. Agosto es el mes del cambio y con el cambio vienen los sueños y las esperanzas. El 16 es día de la Restauración de la Republica y es el día del cambio de autoridades para empezar un capítulo más en nuestra historia.

 

La Iglesia nos propone, para este mes, el valor de LA COMUNIDAD, para iniciar con fuerza y con optimismo. Es el mes en el que reavivamos el encuentro con Jesucristo presente en medio de una comunidad viva en la fe y en el amor fraterno, animados por el lema: "Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20). 

 

El fundamento de la vida cristiana es "La Comunidad". Podemos partir del hecho de que Dios es comunidad, le llamaremos Comunidad Trinitaria, conocida, según la Biblia, desde el inicio de la fundación del mundo, se manifiesta, junto en la creación del hombre cuando Dios dice: "AGAMOS al hombre a NUESTRA imagen y semejanzas" (Gen 1, 26). En esta conversación, el Padre habla con el Hijo y el Espíritu Santo, invitándoles a formar parte en la creación del hombre, la criatura que luego será "casa de Dios" (Conf. 1Pe 2, 5-7), "Templo del Espíritu Santo" (1Cor 6, 19). Luego de hecho el hombre, le hizo la compañera y les mandó a crear la comunidad: "Crezcan, multiplíquense y llenen la tierra" (Gen 1, 28).

 

Dios se eligió una gran comunidad, un pueblo como su propiedad personal y hace alianza con ellos, alianza de amor mutuo, hablamos de Jerusalén. Dios habito en esa comunidad, peleó por esa comunidad, defendió a esa comunidad, se entregó a esa y por esa comunidad, y terminó padeciendo, muriendo y resucitando por esa comunidad, en la persona del Hijo, Jesucristo, Señor y Salvador nuestro.

 

Después de la ascensión de Cristo al Cielo, nos envió el Espíritu Santo el cual nos constituirá en comunidades vivas de amor a todos los que creemos y nos sometemos a Cristo Jesús. Los apóstoles, después de Pentecostés, con la fuerza del Espíritu Santo, formaron comunidades de fe y de amor; comunidades grandes de personas que renunciaban a un “YO” para establecer el “NOSOTROS” y eso es la Iglesia hoy, una gran comunidad de comunidades, Nueva Jerusalén o Jerusalén del Cielo.

 

El mundo es una comunidad de comunidades que son los continentes, que se constituyen a su vez, en comunidad de comunidades que son los países que lo conforman y que a la vez se constituyen también en comunidad de comunidades, y así lo pueblo y las pequeñas comunidades de los pueblos y las familias de las que están compuestas las pequeñas comunidades.

 

Queridos hermanos, si no vivimos en comunidad, no somo Iglesia, porque “la Iglesia es la comunidad creyente” y “la comunidad creyente es la Iglesia”.

 

El Plan Nacional de Pastoral divide cada parroquia en pequeñas comunidades con el fin de que la vivencia del amor se plenifique y se convierta en acciones tales como: el perdón, la solidaridad, la caridad, etc. les pedimos encarecidamente a los miembros de cada comunidad que se unifiquen y participen de la pequeña comunidad del sector, donde se dispensa la gracia de Dios.

 

Qué bueno es vivir unido, en comunidad y bien comprometido…”.


LULIO

LA PATERNIDAD

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, Señor y Salvador nuestro, un saludo de hermano, de amigo y de pastor.

 

JULIO 2020, un mes cargado de emociones, negativas para unos y positivas para otros; un mes de cambio, de sueños, cargado de esperanza. Republica Dominicana hace fiesta, una fiesta que se ha de extender por 4 años, los cristianos esperamos que "Asi sea", espero que los no cristianos esperen lo mismo.

 

Estamos en el mes de julio, y la Iglesia nos invita a vivir el valor de la Paternidad, con el Lema: “El que me ve a mi, ha visto al Padre” (Jn 14, 9). 

 

"Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras." (Jn 14, 9-11).

 

Creer es una gracia que da Dios a todo ser humano, creado a su imagen y semejanza. Hoy se hace necesario hacerse las preguntas: "¿Yo creo? ¿En qué o quién creo? ¿Por qué creo?" y ahora trata de responderlas desde lo mas profundo de tu corazón. Hay unas palabras, en la Biblia (Sgo 2, 19), que critican a los que creen y no saben lo que creen, ni en quien creen.

El tema es la "Paternidad". ¿Qué consejo podriamos dar a los padres? 

  1. Que se instruyan a sí mismos, para que adquieran el don de ciencia (Cf. Prob 21, 11).
  2. Que instruya al joven (hijo) para que en la vejez, lo tenga a su lado (Cf. Prob 22, 6).
  3. Que instruya a sus hijos, para que sea feliz (Cf. Eclo 30, 3).
  4. Que quieran a los hijos con todos su corazón y que no los maltraten, que los entiendan, los protejan.
  5. Que no haga, digan, vean, etc. nada malo en frente de sus hijos, ya que los hijos absorben y aprenden lo que ven a su padre.
  6. Que los enseñen a trabajar y a ser buenos hijos, responsables, asi seran, cuando les toque, padres responsables.

¡FELICIDADES PAPA!

JUNIO

LA EUCARISTIA

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, Señor y Salvador nuestro, un saludo de hermano, de amigo y de pastor.

 

2020, un año cargado de emociones, negativas y positivas; un año en el que parece que “Covid 19” tiene la última palabra, pues como rey universal, parece regir los destinos del mundo. Pero como dice el libro de la Sabiduría: “Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no las afectará ningún tormento” (Sab 3, 1).

 

Estamos en el mes de junio, y la Iglesia nos invita a vivir el valor de la Eucaristía, con el Lema: “Lo reconocieron al partir el Pan” (Lc 24, 31). 

 

Quizás todos conocemos el episodio de los Discípulos de Emaús, el día de la Resurrección. Estaban desconcertados, estaban experimentando el “sin sentido de la vida” cuando Jesús está ausente. Ellos conocieron un hombre, poderoso en obras y palabra (Cf Lc 24, 19), el hombre en el que descansaban todas sus esperanzas. Esperaban un libertador (v 21), un libertador, quizás, al estilo de Moisés, que liberó al pueblo hebreo de la esclavitud del faraón en Egipto; Gedeón, que los liberó de los madianitas; Sansón, que los liberó de los Filisteos, etc.

 

Jesús les había hablado de un reino de paz, de justicia y de libertad y ellos lo veían como el rey de ese reino, y no se equivocaron, pues lo era, pero no a la manera de los antiguos reyes y libertadores que había tenido el pueblo, pues nunca fueron verdaderamente libres, porque la verdadera libertad del hombre la da el tener a Dios dentro, en su corazón, en entregarse y someterse a su voluntad y vivir para él.

 

Pero sus discípulos no lo entendían del todo, porque no había llegado el momento. Jesús les había hablado de resucitar de entre los muertos, pero ellos no lo habían entendido. Por eso esos dos discípulos se vuelven a Emaús abatidos, desconsolados y sin esperanza; han abandonado el camino que habían recorrido con Jesús y sus apóstoles, pero con ellos van los recuerdos y las enseñanzas que tienen de aquel hombre, y la van comentando y lamentándose por el camino.

 

Para consolarlos se les une un tercero, desconocido, un forastero que parece no saber lo que ha pasado en esos días en Jerusalén y ellos intentan explicarles y es el forastero quien termina explicándoles a ellos el misterio de Dios en su hijo Jesús.

 

Al final del camino, parece llegar el momento de la separación, es el momento de practicar lo que Jesús ya les había enseñado, la hospitalidad, con la cual, inconscientemente ponen de manifiesto, que no pueden vivir sin Jesús y le dicen “Quédate con nosotros, Señor” (Lc 24, 29) y Jesús, para quien nunca el camino tiene un final, porque él es el Camino, se queda con ellos, la caminata juntos los ha unido, ya son amigos y pueden pasar la noche juntos; ya en casa se disponen a cenar juntos, entonces el Señor “sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció” (vv. 30-31).

 

Jesús se quedó con ellos y en ellos. Es lo que Jesús hace en cada EUCARISTIAcamina con nosotros, nos explica las escritura, se sienta con nosotros a la mesa, bendice para nosotros el pan, y nos lo reparte. Lo único que Jesús no vuelve a hacer, es desaparecer, no se queda con y en nosotros.

MAYO

Queridos hermanos y hermanas un saludo en Cristo Jesús, Señor y Salvador nuestro.

 

Queridos hermanos estamos en el mes de mayo, para muchos, el mes de las madres, para otros, el mes de María, la madre de Jesús. Para nosotros, los cristianos, mes de las Madres, encabezando la lista de las madres, María, madre de Jesús y madre nuestra. 

 

Siempre recordamos las palabras de Jesús; fueron de sus últimas palabras en la cruz: "Mujer, ahí tienes a tu hijo... (Jn 19, 26) ahí tienes a tu madre." (27). para continuar diciendo que, "desde aquella hora el discípulo la recogió en su casa". (27).

 

También le llamamos "Mes de las Flores", recuerdo mi niñez, educado con mucho amor a la Virgen María y recuerdo que todos los niños íbamos a visitar a María al templo llevando en nuestras manos ramos de flores recogidas del campo y se las entregábamos, mientras le cantábamos: "Venid y vamos todos con flores a porfía, con Flores a María que madre nuestra es" y al entregarlas le decíamos: "Madre mía, te entrego mi corazón".

 

Muchos dicen no saber por qué se llama, al mes de mayo, "Mes de las Flores". Yo no sé tampoco, pero puedo decir que, en el "jardín de Dios" las mujeres, encabezadas por María, la madre de Jesús, son las flores. Sabemos también que estamos en primavera y el mes de mayo es el centro de la primavera, y es el tiempo en el que florecen los árboles...