La interpretacion libre de la Biblia

Cuando Cristo dio poderes a Pedro y a los demás apóstoles, no estaba jugando. Sabia que estaba organizando el nuevo pueblo de Dios, fruto de su sangre, y por esto daba poderes. No podía pensar en un pueblo que se pareciera a la torre que querían construir en Babel. Era absurdo. No estaba construyendo un internado para dementes que hablan disparates y, encima de eso, creen tener toda la razón.

Los apóstoles entendieron bien esto, por eso vigilaban para que no se infiltraran los sembradores de herejías.

El Apóstol San Juan les recomendaba a los cristianos:

"Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1Jn 4, 1).

Que en nuestro ambiente haya muchos falsos profetas, nadie lo puede dudar, ni siquiera los mismos miembros de las sectas, que se contradicen entre ellos.

¿Por qué existen tantos falsos profetas?

Simplemente porque interpretan la Biblia a su propio gusto. Y esto la misma Biblia lo prohíbe explícitamente. He aquí el texto:

"Sépanlo bien: ninguna profecía de la Escritura puede ser interpretada por cuenta propia, pues ninguna profecía ha venido por iniciativa humana, sino que los hombres de Dios han hablado, movidos por el Espíritu Santo" (2Pe 1, 20-21).

El mismo San Pedro, mas adelante, da la motivación a esta prohibición:

"Consideren que las demoras de nuestro Señor son para nuestra salvación, como lo escribió nuestro querido hermano Pablo con la sabiduría que le fue dada, e insiste sobre esto en todas sus cartas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes y poco firmes en la fe interpretan torcidamente para su propio daño, como hacen también con las demás Escrituras" (2Pe 3, 15-16).

En estos dos textos encontramos tres cosas: la prohibición, la motivación de esta prohibición, que consiste en la ignorancia de estos sectarios y la condenación de los que así actúan.

¿Por qué, pues, hacer caso a los que vienen para enseñarnos lo que Dios no quiere?